"A veces, Dios nos permite contemplar algo de nuestra depravación, echando una mirada a nuestro corazón. Entonces, sentimos el vértigo de mirar hacia dentro. Todo se ve como realmente es, vacío."
El silencio es donde se elevan las grandes preguntas.
Edward Hopper, artista estadounidense, nacido en Nueva York, a finales del siglo XIX. El maestro de retratos de la soledad en la vida contemporánea.
Es un marco que es necesario para la referencia de la soledad, del pensamiento subjetivo sobre nuestro alrededor, con unos escenarios que envuelven al personaje, pero que subrayan una impregnante posición de vacío en el ambiente. Solo un protagonista con una carga potencial que enfatiza la concentración del espectador en sus gestos, como en este cuadro vemos esa espalda encorvada, con una hoja entre mano que no tiene interés de leerse, y un rostro apagado por los grandes contrastes que este pintor neoyorquino manejaba con excelencia.
Un pintor que supo de tal manera dar forma física en escenas con planos muy semejantes a los cinematográficos, una representación o alegoría a lo que conocemos como soledad y silencio.




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